Científicos argentinos lograron adiestrar abejas para dirigirlas a cultivos específicos

Imagen de Terri Sharp en Pixabay

Un equipo de la Universidad de Buenos Aires/CONICET, liderado por el profesor Walter Farina, dio un paso revolucionario al presentar un método para incentivar a las abejas a que prioricen la polinización de ciertas especies vegetales. El innovador enfoque, denominado “polinización dirigida”, puede mejorar la producción agrícola en hasta un 90%.

Las abejas son las protagonistas de la polinización, el proceso por el cual el polen es trasladado de una planta a otra, lo que permite la aparición de nuevos frutos y semillas. A pesar de su generosidad al polinizar todas las plantas sin distinción, los apicultores anhelaban una mayor focalización en determinadas
flores para propósitos específicos, como la polinización de cultivos o la producción de mieles monoflorales.

En este sentido, los científicos de la UBA se sumergieron en el estudio de la comunicación entre las abejas sobre la ubicación y calidad de las fuentes de alimento. En la investigación, descubrieron que las abejas se orientan por olores florales y, mediante un método de “entrenamiento”, lograron que se centren más rápidamente en flores específicas.

Para esto usaron fragancias que potencian el olor de cultivos particulares, como girasol, manzanas, peras, arándanos, kiwis o almendras, para guiar la atención de las abejas. Cómo funcionan las fragancias potenciadoras La clave del éxito radicó en lograr que las abejas asocien la fragancia sintética
con una recompensa. Al exponer a las abejas a la fragancia sintética creada por el equipo de Farina, y luego proporcionarles una solución azucarada como recompensa, el equipo de investigadores logró condicionarlas para que asocien ese olor específico con la obtención de alimento.

Una vez adiestradas, las abejas buscaron activamente el olor aprendido en el campo y compartieron la información con otras abejas en la colmena a través de danzas y el intercambio de néctar. Esta comunicación fortaleció la memoria olfativa, lo que permitió a las abejas no adiestradas reconocer y recolectar rápidamente cada vez que encontraban un aroma similar.

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