Luis Alberto Monge Álvarez: Benemérito de la Patria

Por Guido Alberto Monge Fernández

¡Tantas facetas de su dimensión humana, de su azarosa vida como le gustaba decir a él, tantas lecciones de vida imposibles de prodigar en pocos minutos!

Recordaremos al padre siempre como un ser humano extraordinariamente bueno, siempre generoso a pesar de sus estrecheces económicas, de cálida sencillez y humildad que bebió y se alimentó de su herencia campesina curtida en los tabacales y cafetales de su amado Palmares y especialmente de su adorada mama Elisa Álvarez. Su risa contagiosa, su capacidad innata para leer y sentir el alma de los costarricenses especialmente de los más humildes. Sentimental y emocional. Bohemio. Se conmovía hasta las lágrimas cuando constataba injusticia y marginación social. Fue autodidacta.

Me atrevo a decir que ha sido el más humano de los políticos. Nos insufló vocación de estudio de servicio y social. Con su vida mostró y dignificó la acción política y que el camino de la probidad, la transparencia y la honradez son posibles y exigibles en todos aquellos que se ocupan de la labor política. Luis Alberto Monge Álvarez fue un servidor del pueblo costarricense. Nadie jamás podrá decir que se sirvió de él. Con orgullo total exaltamos siempre su placa en el mercado central. Nos enseñó a no odiar. Que actuáramos por amor siempre!

Como hombre público como político siempre lo pensamos como un ideólogo y formador, docente, educador demócrata con visión pragmática y no dogmática. Pero también como hombre con visión de estadista en uno de las encrucijadas más complejas de nuestra historia.

Socialdemócrata de raíz expresado en su insistencia de que sin justicia social la libertad política y económica son formulas vacías o el impulso a movimientos sociales-laborales como contrapeso a la concentración de la riqueza, el combate a la pobreza y la desigualdad. Lo económico desde lo social siempre me decía. Pero finalmente, nada jamás tendrá más significado que el haberlo tenido cerca, papa querido. Vamos a atesorar para siempre sus cartas y notas llenas de amor. Es nuestro regocijo íntimo y privilegiado. Recojo en este comentario solo algunas que escribió o que
recibimos a lo largo de su longeva vida.

“Querida Mama. Quiero hacer, ayudado de Dios una moneda para pagar sus sacrificios y sus lágrimas, aunque bien se no los pagaría ni con mi vida”. “Pechos queridos los recibo en el aeropuerto con mi corazón henchido”. “Felicidades por su cumpleaños que el amor los tenga unidos siempre un abrazo y un beso”. “Felicidades por los buenos resultados en los estudios”. “Les envió un modesto premio pero que va envuelto en millones de cariño”. “Un beso de su abuelo baboso y panzón”

A Papá lo oímos decir, que lo único cierto que había recogido en la vida era el cariño del pueblo costarricense. Hoy, con el Benemeritazgo hemos podido constatar la veracidad de estas palabras.

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