El rojo vivo del malinche en flor…

Esta es la fascinante historia de amor, de una colegiala llamada Dailine, representativa de la juventud estudiantil de los años 60… Venía de familia de escasos recursos económicos, casa de piso de tierra, la madre hacía las labores del hogar y el papá trabajaba limpiando potreros. Los hermanos y ella pretendían ser profesionales para ayudar a sus padres.

La etapa más seductora, vanidosa y fantasiosa se vive en el colegio de alguna forma marca la senda de la amistad, del amor y por supuesto de las metas a futuro. En esos años, reinaba la sencillez, la humildad, la camaradería y ganas de ponerle al estudio. Del colegio al centro de Liberia, la mayoría viajaban a pie para economizar el pasaje y dejarlo para otras necesidades. El viaje se acortaba por las diferentes conversas, se observaba la naturaleza, pues entonces no había edificios; árboles de mangos resguardaban el camino. El bullicio de los loros y uno que otro carro alteraban el ambiente.

El Instituto de Guanacaste, ha dado oportunidad a cientos de estudiantes de diferentes zonas de Guanacaste, a realizar la secundaria. Sus profesores con respeto, sabiduría y voluntad han ejercido las propuestas educativas, tomando en cuenta las diferencias individuales. Los alumnos han sabido compartir e interactuar con los compañeros de diferentes regiones. Dailine, adolescente liberiana, con su pureza de alma y sin malicia alguna, le comenzó a vibrar el corazón, floreciendo en ella el fuego del amor de la diosa egipcia Hathor. El hechizo de la pampa, fue tomando su lugar en la retina transparente y seductora hacia un joven que asistía en bus desde Bagaces.

Iba y venía todas las mañanas con el grupo de viajeros, a llenar el cántaro de sabiduría. Era un grupo heterogéneo. Un día…, las flores del malinche desbordaron sus ramas del rojo fuego del amor, que con calor, poder y emoción, motivó a Dailine a decidirse a escribir las primeras notas cargados de emoción. Sabemos que entonces, no había redes sociales, que ayudaran a mensajear, ni modo…Primero debía escoger a alguien en quien confiar para que sirviera de cartero, observando a uno y otro y otro de sus amistades, por fin, halló su cómplice, ¡qué dicha!, dijo en sus adentros.

Un pedazo de hoja de cuaderno, sería suficiente para escribir: – ¡hola, entre todos me gustó tu forma de ser, verte cómo el viento levanta tu cabello,
pareciendo puerco espín, no importa, me gustas, eres delgado y un poco serio…Hasta mañana, que descanses bajo las cobijas, otro amanecer vendrá.

-Tengo la esperanza, que nos conozcamos de cerca. Siempre habrá un mañana con alguna razón. – En días nublados, serás el arco iris que lo enaltezca.
-Pronto, el malinche votará sus flores y será el verde su bellísimo vestido, verde que da esperanza de seguirnos mensajeando.
-Ya se acercan las vacaciones largas, como largos serán los días de volverte a ver bajar del bus al llegar al cole. El joven de forma respetuosa, contestaba los mensajes, ayudando a encender la llama idealista del corazón, gestada entre ellos. Algunos decían así:

-Hoy, el sol se refleja en tu rostro para decirte desde lejos: – ¡qué bonita eres ¡
-Anoche soñé que estábamos juntos en el recreo, compartiendo un delicioso helado.-Envidio el bolso que siempre te acompaña, con los cuadernos y libros.
-Cuando hago mis tareas, pienso que estás a mi lado, ayudándome. – ¿Vistes, ¿cómo floreció el malinche?, de rojo, color que embruja el alma.
-Pronto llegará el verano, las hojas serán la alfombra, para que camines en ella y yo quiero ser ese tapiz….-Cuando estemos en vacaciones, desearé que, corran con el viento los días.

Dailine, las pequeñas cartas, las iba agrupando y las resguardaba con una cinta, las colocaba bajo su almohada para … En uno de los recreos, a Dailine se le perdieron los mensajes, ¡Dios mío!, qué torta! Después se dio cuenta, que una de las conserjes, vieja, amargada y gruñona las encontró. Ella muy asustada, porque sus papás supieran, pensó: -hasta aquí. El final del verano, determinó la finalización de los mensajes de cariño. Dejando en ella, gratos recuerdos, a través de las palabras llenas de ternura, donde nunca, nunca, ni siquiera un saludo de manos hubo…

Autoría: Dora María Quesada Vanegas. Educadora y escritora.

Be the first to comment

Leave a Reply

Your email address will not be published.


*