Hoy Guanacaste no recibe una colección, recibe parte de su Alma

Exposición Alma de Piedra. Metates de Guanacaste, muestra 45 piezas de la histórica Colección Oduber, donde se encuentra el impresionante patrimonio arqueológico

Discurso ministro de Cultura y Juventud,

Jorge Rodríguez Vives

Hoy no inauguramos solamente una exposición.

Hoy estamos devolviendo memoria.

Estamos devolviendo identidad.

Estamos devolviendo dignidad.

“Alma de Piedra” no es una colección de objetos antiguos. Es una conversación profunda con quienes nos antecedieron. Es el testimonio silencioso de pueblos que transformaron la piedra en pensamiento, en ritual, en alimento, en comunidad.

Los metates guanacastecos que hoy contemplamos no son simples herramientas: son altares domésticos. Son el lugar donde se molía el maíz, sí, pero también donde se transmitía saber, donde se construía cultura.

En esta exposición conviven dos realidades.

Convive la investigación científica rigurosa, el trabajo paciente de arqueólogos que documentan, registran y estudian cada contexto.

Y conviven también piezas que en algún momento fueron extraídas de forma inadecuada, producto del huaqueo.

No podemos ignorarlo. El huaqueo rompe el círculo del conocimiento.

Cuando se pierde el contexto de un hallazgo arqueológico, se fragmenta el relato de un pueblo.

Pero también debemos decirlo con honestidad: aun cuando fueron extraídas sin el debido proceso, estas piezas fueron preservadas. No desaparecieron en el mercado ilegal. No salieron del país. Hoy están aquí.

Y al estar aquí, bajo el cuidado técnico del Museo Nacional de Costa Rica, recuperan dignidad pública.

Porque estos artefactos no le pertenecen a una bodega. No le pertenecen a una institución.

No le pertenecen a una élite. Le pertenecen a la identidad costarricense.

Que esta exposición esté en Guanacaste no es casualidad.

Y quiero decirlo con claridad: esta no es una decisión administrativa. Es una afirmación política.

Es la afirmación de que la identidad nacional no puede concentrarse en un edificio en la capital.

Es la convicción de que la memoria también debe estar en las comunidades.

De que el patrimonio no se administra desde la distancia, sino que se comparte donde late la historia.

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