Así lo afirmó la magistrada Eugenia Zamora, durante la sesión solemne de cara a dar a conocer los resultados de las elecciones presidenciales y de diputados.
“Durante meses, hemos conducido el proceso electoral con solvencia técnica, integridad y absoluto apego a la Constitución y a la ley. Cada etapa —desde los procesos de renovación de estructuras partidarias y designación de sus candidaturas, hasta la inscripción de estas, y toda la compleja organización logística para llegar a este día— ha estado bajo nuestro control y supervisión permanente, atentos a cada detalle, para garantizarles, una vez más, la pureza del sufragio.
Infinitas gracias a los miles de compatriotas, funcionarios electorales y ciudadanos voluntarios, instituciones públicas y privadas, sociedad civil, miembros de Juntas Receptoras de Votos, Fuerzas de Policía, Cuerpo Nacional de Delegados, Guías Scout y empresas, que hoy trabajaron para recoger con alegría la cosecha del voto democrático.
Su compromiso cívico nos ha permitido celebrar unas elecciones ejemplares, libres y auténticas, que honran la más noble tradición costarricense. En medio de ello, los costarricenses preservamos nuestra casa común: las reglas, las instituciones y el orden público en el que funcionan. Fracasaron quienes trataron de desacreditar a este Tribunal y dañar la confianza que nuestro pueblo siempre ha tenido en sus procesos electorales.
Como sociedad, hoy podemos suspirar aliviados por eso, pero jugamos con fuego. Jugamos con cosas que no tienen repuesto. Porque la democracia no solo se sostiene con el acto de votar. Depende, sobre todo, de la manera en que nos relacionamos entre nosotros.
Respetarnos en nuestras diferencias no es una opción política, es un acto elemental de reconocimiento mutuo. De que antes que adversarios políticos, somos conciudadanos, y de que, en democracia, tan importante como expresar la libre opinión, es el trato que damos a quienes discrepan de nosotros.
No estamos obligados al consenso. No tenemos que pensar igual, pero sí comprometernos en garantizar el marco constitucional que nos permitirá seguir apoyando, oponiéndonos, , coincidiendo o disintiendo, sin que nadie sea mancillado por eso.
Y ese marco constitucional, que es nuestra democracia, nuestra casa compartida, exige cuidado, responsabilidad y autocontención. La decisión consciente, firme, de no romper esa única casa en la que todos cabemos.

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