Impulsores de las salinas en Abangares

Por Elieth Montoya Gamboa. Docente, escritora, empresaria turística.

Es grato referirse a una actividad identitaria de Abangares: la producción de sal en sus inicios, desarrollada en las costas de Colorado. Esta actividad tiene su arraigo en la época colonial, aunque su consolidación se dio a mediados del siglo XX.

En 1964 se publicó un reportaje en un periódico nacional que daba cuenta de la existencia de un nutrido grupo de familias salineras —ochenta en total— que encontraron su sustento en el desarrollo de las tradicionales pailas para la extracción y comercialización de la sal.

El proceso de aquellos años exigía un trabajo arduo, ejecutado exclusivamente durante la época seca. Primero se preparaba el estanque general, donde el agua permanecía durante cuarenta días. A unos seiscientos metros de la línea de costa se construía el depósito, que era llenado por las mareas altas, junto con una barrera o cortina de barro para evitar la fuga del agua. Se cerraba la compuerta y se esperaba el tiempo requerido.

La segunda etapa consistía en trasladar el agua a los llamados sancochadores, donde el sol y el aire continuaban el proceso durante dos días. Luego se pasaba a la fase final, al pozo general y de ahí directamente a las pailas.

Las pailas representan el momento en que se obtenía la sal. Aquí la leña cumplía un papel fundamental, pues se requerían aproximadamente ocho horas de fuego intenso para alcanzar el punto adecuado. Según el reportaje, de cada paila se obtenían dos sacos y medio de sal, lo que evidencia la intensidad del trabajo durante los veranos calurosos de la bajura abangareña.

Historia abangareña poco conocida

En abril de 1964 había 65 peones y 22 acarreadores de leña dedicados a la labor salinera. Los llamados chingueros, encargados de vigilar las pailas durante todo el proceso de cocción, cumplían una de las tareas más pesadas y cruciales.

La Municipalidad contaba con controladores que cobraban un pequeño impuesto a los camiones que salían cargados con sacos de sal, en distintos puntos del polvoriento camino.

En aquellos años, la actividad concluía a finales de abril o principios de mayo, y únicamente doce trabajadores quedaban a cargo de las salinas. El resto se trasladaba a trabajar en las haciendas ganaderas, ya que los propietarios de las salinas eran, en su mayoría, hacendados.

En ese momento, Juan Bonilla era dueño de la mayoría de las salinas. Según expresaba, el éxito de la actividad se debía al apoyo incondicional de sus trabajadores y de las entidades y ciudadanos de Abangares, apoyo que él correspondía colaborando activamente con las distintas instituciones comunales.

En las fotografías pueden apreciarse las antiguas salinas, publicadas como testimonio de la visita a Colorado de Abangares por parte de un periodista nacional, así como imágenes de un reportaje de 2011 del suplemento Proa. Se trata de una parte fundamental de nuestra historia, poco conocida.

Actualmente, los productores están asociados en una cooperativa llamada Coonaprosal, que les ha permitido diversificar sus actividades económicas y, al mismo tiempo, promover el abastecimiento de sal en el mercado nacional.

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