Bicentenario de la Anexión con “Desigualdad y Desempleo

Por Gilberto Jerez Rojas. Empresario . Ex diputado y ex alcalde

Guanacaste es descrita, no por mí exclusivamente, como la provincia con mayores tasas de desempleo y pobreza extrema en Costa Rica. Resaltó como, a pesar de los avances y contribuciones de la provincia, los guanacastecos siguen enfrentando serias dificultades económicas. No podía faltar mi fuerte y dura crítica a la mediocre clase política, tanto local como nacional, acusándola de indiferencia, mediocridad y falta de visión. Según mi parecer, los políticos locales han sido serviles a los intereses de la clase política central y no han priorizado el desarrollo integral de la provincia.

En el artículo intento señalar que, a pesar de la presencia de universidades estatales en la provincia, hay una percepción de que no están suficientemente comprometidas con el desarrollo social. La falta de acceso a una educación de calidad y las oportunidades limitadas para los jóvenes se consideran obstáculos importantes para el progreso de la región.

La pobreza y la falta de oportunidades las relaciono con problemas más amplios como el narcotráfico, la violencia doméstica y la inseguridad. Hago un llamado a los guanacastecos a tomar medidas para combatir la corrupción, la impunidad y la mediocridad política. La idea es que solo a través de un esfuerzo colectivo y decidido se podrá mejorar la situación de la provincia.

El 15 de septiembre de 2021, Costa Rica celebró 200 años de su independencia. El 25 de julio de 1824, tres años después, vía plebiscito, el Partido de Nicoya se anexa por su propia voluntad a Costa Rica para, años después, convertirse en Guanacaste. Cumplir 200 años de independencia suena bonito aunque seamos como país un protectorado y, como ciudadanos supuestamente conscientes, un cúmulo de contradicciones donde la cívica brilla por su ausencia.

El conformismo en estos tiempos de apatía mental política nos hace sentirnos mejorestando de acuerdo con la “decadente democracia que gozamos” que pensar y analizar, al igual que comparar, algo deseable para la mayoría de los guanacastecos, aunque algunos inconscientes consideren que eso no es bueno para nada.

Orgullosamente Chorotegas! Aunque faltos de un poco de ética, moral, sentido común y cívica sobre todo. De desigualdad ni hablemos porque ese es el cáncer que nos carcome. Muchos, como yo no aceptan esa desigualdad y esa falta de solidaridad en una provincia donde hay y sobra campo para todos.
Mucho menos después de ese boom inmobiliario que se desplomó en 2008 y al que la pandemia le quitó de sopetón el oxígeno. Que además intenta hoy reponer y lo está haciendo, pero bajo las mismas políticas del pasado: cero oportunidades para ese entorno de pobreza que, con un poco de destreza y educación, podría convertirse en un valor agregado importante para el inversionista.

A más trabajo bien remunerado, más educación y más emprendedurismo y más crédito blando. Menos droga, más seguridad, más oferta y más demanda, algo que, al fin y al cabo, es la meta del inversionista y del empresario en cualquier campo de la actividad económica. A lo largo de todos estos años, nuestro Guanacaste ha intentado hacer su propio proceso de desarrollo aportando su territorio y su cultura a la construcción de un país escogido por Dios para ser un paraíso ante el mundo.

A pesar de esto hoy tenemos un país casi fallido por culpa de una miope, mediocre e inculta clase política local hincada ante el político meseteño de turno, incapaz de dar campo al significado del diálogo, el mea culpa, la tolerancia y la justicia. Sí, ese mesetino que se rasga las vestiduras en tiempos de elecciones, alega la paternidad de lo bueno y cierra los ojos y calla ante la pobreza de las provincias costeras. El que cada 4 años promete cínica y pomposamente Agua para el Guanacaste.

Así, hasta llegar a este entuerto nacional que hoy “gozamos” los guanacastecos, entre los recuerdos de la fina cultura criolla de Don Fito Salazar, la malicia indígena de Asdrúbal Ocampo, el verso autóctono de Antonio Obando, la visión y el ímpetu del Dr. Vargas Vargas, así como el aporte de cientos de valiosos hombres y mujeres de la provincia que, en la actualidad, todavía dan su aporte comunitario y tienen esperanzas en tiempos mejores.

Mentes preclaras, guanacastecos, pamperos de pura cepa y ejemplos que contribuyeron a aportar una identidad nacional que, con el paso del tiempo, llevaron al país a un grado de admiración por parte del mundo entero. Eso logró emocionar a muchos que visitaban la patria, consiguió que se fuesen de regreso con el ánimo de volver y con un incipiente sueño de poder hacer una realidad el mudarse y pasar el resto de sus días en este pedacito de tierra llamado Costa Rica.

Donde observaron y sintieron que había una Pampa, con una zona azul donde los frijoles negros, el arroz blanco, el cuadrado junto a las tortillas de maíz caseras y la cuajada nos convierten en el edén de la longevidad, convierten al talento en peste y hacen pensar que los ríos son de leche y el abrazo afectuoso de la gente es noble y sincero. Desgraciadamente no sabían, ni tenían por qué saberlo, que en esa pampa existen también todavía los caudillos y los gamonales políticos que, cuando han incursionado en esta actividad, han sido sus más asiduos destructores y causantes de que el pueblo no crea en su gobernanza.

Y es que, admirar al guanacasteco no puede ser de otra manera, pues como me decía Rogelio Valerin, el Chunco, cuando yo electrificaba Playa Panamá: “En la bajura, las mujeres paren hombres…” Agregaba: Hombres nobles, valientes, amigos del sol, ante quien ponen a dorar su piel lubricada con el sudor de su frente y se inspiran en la luna que derrama bellas canciones, como lo hizo con don Jesús Bonilla, quien en ese estado parió a su Luna Liberiana y con Héctor Zúñiga, quien así inspirado nos regaló su Amor de Temporada. Y yo en broma asentía y le contestaba: “Cierto amigo, pero no olvides que en la altura se los amamantamos”. Guanacaste tiene sus características muy especiales, aquí hay sentido, porque la vida cotidiana no solo nos lleva, al coexistir con la naturaleza, sino también a ser conscientes, cada día más, de la injusticia social en que vivimos.

Si eso es cierto, ¿cuánto entonces hemos aportado a la economía, a la cultura y al desarrollo patrio los guanacastecos y qué réditos desde el punto socioeconómico y político se nos ha devuelto en estos 200 años? Cierto que somos una pequeña, pero gran provincia enclavada al norte del corazón de Tiquicia, pero pareciera que nada más.

Un lugar donde el paso de estos 200 años ha consolidado grandes oportunidades para el país, sin que los guanacastecos pongamos la más pequeña piedra en el camino para erosionar nunca ese desarrollo que, como punto en la i, tiene implícita nuestra rica herencia de valor humano y tradiciones. Todo por nuestra propia voluntad, sin tampoco perder de vista la conciencia de quienes somos y porque somos orgullosos de ser parte de Costa Rica. Pero, ¿qué ganamos con eso y como colectivo; si somos la provincia con mayor desempleo y más pobreza de la Costa Rica del bicentenario? “El INEC y el Estado de la Nación, en sus últimas investigaciones, señalan que Guanacaste es la provincia con mayor desempleo y con pobreza extrema”.

En Guanacaste naces pobre o naces rico, el primero acostumbrado a ser servidor del segundo. El pobre sin esperanza alguna, destinado a servir al sonido de esa campanita que heredaron los ricos criollos de las “noblezas” tradicionales. Sí, cierto, ya celebramos el bicentenario, pero la radiografía de nuestro sistema educativo, que debería ser sinónimo de oportunidades, nos indica que estamos mal. ¿Tendremos que esperar otros doscientos años para lograr la independencia del intelecto y responder virilmente por nuestra hambre?

Desigualdad, egoísmo, mediocridad y ocurrencias son los soldados de la estulticia que, como peste, arrasan con la visión del desarrollo de los guanacastecos de la mano de caudillos y gamonales. La maldición de la desigualdad es tan grande y profunda que impacta, como huracán grado 5, a lo más fundamental para los guanacastecos: el sistema educativo, que, como muchos coterráneos dicen a menudo, está abierto para “los que tienen” y contiene muchas dificultades de acceso para “los que no tienen”.

En nuestro Guanacaste tenemos cuatro universidades estatales presentes, sin embargo, existe la sensación de que no tienen un fuerte compromiso con el tema social, pues la politiquería les frena y pone piedras en el camino. Necesitamos más iniciativa, visión y firmeza al respecto, porque sin educación no hay buen empleo y sin buen empleo no hay desarrollo. Desde la meseta han tenido casi 200 años para parcelar nuestro Guanacaste en parcelas aisladas unas de otras, quienes ven sus falencias sociopolíticas según el pensamiento del gamonal o el caudillo que reina en lo político. En estos doscientos años el guanacasteco no ha sido capaz de diferenciar y encontrar un común denominador que defina sus particulares desigualdades.

Lo anterior produce que en sus once cantones no se tengan importantes metas como planes reguladores y visión común para resolver problemas comunes. ¿Cómo no pensar en las nuevas generaciones como portadores de una antorcha de emprendedores, propietarios, dirigentes visionarios de alto calibre, conocedores de las corrientes globales y no pobres siervos menguados, siempre camareros, siempre saloneros? Si no lo hacemos, tarde o temprano sufriremos tales consecuencias que ni los próximos 200 años serán suficientes para aplacar los lamentos de nuestros hijos, nietos y nuevas generaciones de La Pampa Guanacasteca. Es más, ya lo estamos logrando: Hoy somos más intolerantes, más egoístas, más ignorantes y más abstraídos de la realidad en que vivimos.

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