Monseñor Román Arrieta Villalobos, primer obispo que luchó por un mejor Guanacaste

Homenaje póstumo en el 23 aniversario de su deceso

Por José Manuel Peña Namoyure. Periodista y Director periódico Anexión

 

Recuerdo con mucho afecto al que fue primer obispo de la Diócesis de Tilarán, que hoy día le agregaron Liberia.

Monseñor Arrieta fue un gran líder espiritual que recorrió Guanacaste bajo una consigna de lucha contra la pobreza y la injusticia. Llevó una prédica evangélica y pragmática, acorde a la triste realidad de su feligresía, que hoy en día se mantiene con índices vergonzantes, en una provincia de una riqueza humana y material inconmensurables.

El alto prelado, oriundo del cantón herediano de Belén, Monseñor Arrieta jugó un papel clave en la idea revolucionaria, y por tanto transformadora, del original Proyecto de Riego Moracia, que impulsó el presidente Daniel Oduber Quirós, para aprovechar las aguas que discurren del del Lago Arenal en la actividad agropecuaria y agroindustrial.

Esa iniciativa patriótica y visionaria —que aún no se concreta, 50 años después, busca llevar agua a miles de familias de la bajura para su consumo y la actividad comercial para convertir a Guanacaste en un granero.

Fue una lucha tenaz y poderosa contra los grupos conservadores de Guanacaste, con sus terratenientes impíos, que veían ese proyecto como una propuesta de orden comunista, que pretendía arrebatarle las miles de hectáreas que habían obtenido sin mucho costo.

Monseñor Arrieta nunca aflojó y fue bastión para que esa genial idea del presidente Oduber Quiróssiguiera adelante. Hay una anécdota que retrata con absoluta nitidez la oposición de los poderosos criollos.

El obispo oficiaba una misa en un lugar público y, como era natural, invocó el tema del Riego de Moracia. En ese instante, un finquero interrumpió la homilía y expuso una serie de argumentos en contra que, al final, ni él mismo parecía creer.

Ahí se armó una confusión y el acto religioso fue profanado, según católicos presentes.

De modo que, desde mi juventud, en calidad de comunicador y corresponsal de Radio Monumental, tuve una permanente y cercana relación con el beligerante sembrador del Evangelio en Guanacaste. Su liderazgo era formidable y convincente.

Agrego un dato personal de Monseñor Arrieta, quien en esa época tenía una cuidada calvicie. Luego fue nombrado Arzobispo de la Arquidiócesis de San José.

Ahí llegó con honores como el máximo líder de la iglesia católica costarricense, dejó atrás el Palacio Episcopal de Tilarán (Ciudad de vientos y lluvias), para instalarse en el Palacio Arzobispal y la Catedral Metropolitana.

Para esa época yo trabajaba como periodista en Noticias Monumental, bajo la dirección de mi maestro y mentor Armando Vargas Araya.

Dentro de las innovaciones se reclutó a varias personas de distintas corrientes de pensamiento para que fueran comentaristas. Y, por supuesto, Monseñor Arrieta fue protagonista estelar.

Por tanto, lo veía con regularidad cada semana cuando subía al tercer piso a grabar sus reflexiones. En otras ocasiones, yo iba al Palacio Episcopal, grabadora en mano, para captar su mensaje.

Era un gozo evocar su paso triunfante por Guanacaste, donde fue un obispo beligerante y combativo ante la injusticia y desigualdad.

Monseñor Román Arrieta Villalobos, sin duda, hace mucha falta en estos tiempos confusos, porque fue un gran mediador en las crisis nacionales.

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