Discurso Cleria Ruiz Torres, arquéologo
Es un honor darles la bienvenida a la inauguración de Alma de piedra, una exhibición que nos invita a detenernos, a escuchar y a mirar con otros ojos el patrimonio arqueológico de la provincia de Guanacaste. Aquí, los metates dejan de ser objetos silenciosos para revelarnos cómo fueron elementos en los que las poblaciones ancestrales dejaron la huella de su trabajo, su conocimiento y su forma de ver el mundo. Algunos provienen de investigaciones científicas realizadas por arqueólogos del Museo Nacional; otros formaron parte de colecciones privadas. Cada uno, a su manera, nos habla de las personas que los crearon y utilizaron.
A través de los objetos cerámicos de la colección Oduber completamos este recorrido simbólico hacia el pasado, donde las comunidades no solo se representaron a sí mismas, sino que también retrataron la naturaleza que las acompañaba, imágenes que igualmente quedaron grabadas en la piedra. Cada pieza que hoy nos convoca fue, en su origen, parte de una relación profunda entre personas y territorio. Fueron herramientas, ofrendas, marcadores del tiempo y de conexión. En ellas palpita la creatividad, la técnica y la sensibilidad de quienes nos precedieron. Y al reunirlas aquí, no solo las contemplamos: también renovamos nuestro compromiso, tanto del Ministerio de Cultura y Juventud como del Museo Nacional, con la protección del patrimonio que nos sostiene como sociedad, al compartirlo con la comunidad guanacasteca.
Alma de piedra es, ante todo, una invitación a reconocer que la cultura no es un conjunto de objetos, sino un tejido vivo que se construye entre generaciones. Que la memoria se preserva cuando la compartimos. Y que el pasado cobra sentido cuando lo miramos con responsabilidad, respeto y apertura.
Agradezco profundamente a todas las personas que hicieron posible esta exhibición: a quienes investigan, conservan, documentan, enseñan y dialogan con estas piezas para que sigan teniendo voz. Agradezco también al Museo de Guanacaste por abrirnos una vez más sus puertas, como lo hicieron en el pasado con la exhibición Vida y muerte en el valle de Jícaro. Y gracias a ustedes, quienes hoy nos acompañan, porque su presencia confirma que el patrimonio es, y seguirá siendo, un proyecto colectivo.

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